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Laberintos de poder :

Pero de la buena…

Publicado el 4 de marzo, 2013 a las 8:02 horas.    Escrito por José Azpeitia González

Una pregunta baila en el magín de su servidor:

¿Por qué Madero sí y Tampico no?

El cuestionamiento se deriva del proyecto, ya en la antesala de ser realidad, relativo al acuario que se construirá en la playa Miramar, entre Refinería y el malecón. Será un atractivo que con una inversión pequeña en términos de obras de ese perfil, sin duda alguna contribuirá a enriquecer la oferta turística de ese paseo.

La duda plasmada en el inicio de este espacio tiene piso.

Usted, sea o no residente del sur del estado, recordará el magno proyecto que algunos años atrás estuvo a punto de llevarse a cabo en las márgenes de la Laguna del Carpintero, en el puerto jaibo.

En el papel era una obra moderna y monumental, que incluía también un moderno acuario y que de haberse realizado se habría fundido en un polo de diversión, cultura y desarrollo económico sin paralelo en el estado, al integrarse a servicios como el Polyforum y el Espacio Cultural Metropolitano que ya operan en los alrededores de ese vaso acuífero.

Era un sueño de proyecto. Y se quedó en eso: en sueño.

La iniciativa impulsada por el entonces alcalde priísta Fernando Azcárraga López, enfrentó una furiosa embestida de sus antagonistas políticos y en especial de figuras del Partido Acción Nacional. Todo se usó para abortarla, desde acusaciones sobre maniobras para ganar dinero ilícito hasta la certeza de que se provocaría un daño irreparable a la flora de la laguna sede.

Jamás se pudo probar que hubiera un objetivo encubierto de enriquecimiento ilegal y tampoco se confirmó que el saldo hubiera sido trágico para la ecología. El principal afectado, el mangle –como señalaban los detractores– ni siquiera es una especie nativa de ese vaso, pero se manejó en esos días como la antesala de una catástrofe ambiental.

El verdadero dique para ese proyecto fue lo que ha sido un enemigo contumaz del progreso en México: el factor político.

Y Tampico, para decirlo en términos descarnados –disculpe la expresión– simplemente se jodió.

Insisto: ¿Por qué sí lo va a lograr Madero?

La única explicación que aparece en el escenario no es grata en modo alguno para los tampiqueños: Porque los maderenses históricamente han exhibido por lo general mayor solidaridad y sentido de identidad que sus vecinos geográficos y paisanos, por lo de ser ambos tamaulipecos.

Es triste reconocerlo, pero desde que era un niño –viví 18 años en Tampico– los residentes de Madero han mostrado un singular sentido de pertenencia y afecto hacia su solar. No sé exactamente el motivo, pero hasta las rivalidades partidistas se diluyen en ese municipio cuando se trata de alcanzar un bien común. A lo largo de ese casi par de décadas, abrevé en numerosos ejemplos.

Ya es tiempo de aprender lecciones.

Es tiempo para los tampiqueños, de entender que deben dejar atrás ese infamante modelo que le endosan a esa región con el pasaje de la cubeta de las jaibas. No es justo que a estas alturas se continúe parodiando con Tampico la envidia al éxito ajeno, en lugar de la colaboración que muestran sus vecinos.

Y no se trata de que los panistas sean los enemigos del progreso. No.

Puede estar seguro de que si esa iniciativa tampiqueña hubiera sido de una administración panista, los priístas la hubieran rechazado con enjundia similar, hasta eliminarla. Están cortados por la misma tijera porque están atrapados en una serie de antivalores que aprenden desde la cuna.

Desde esta modesta trinchera les expreso mi envidia a los maderenses, pero como decía mi añorado compadre Andrés Espinosa, “envidia de la buena…”
Twitter: @LABERINTOS-HOY

 

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