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Crónica Urbana :

Emilio Portes Gil, mi vecino

Publicado el 3 de octubre, 2013 a las 7:43 horas.    Escrito por Alejandro Rosales

Al cumplirse un aniversario más del nacimiento del presidente Emilio Portes Gil, nacido aquí en nuestra tierra, al amparo de las flores de pita, de los remedos del río San Marcos y en los columpios de las cotorras en el verano. Nació aquí, en frente de mi taller en el 16 Matamoros, en el corazón de la tierra cueruda, a los pies de la Sierra Madre, bajo los vientos huastecos y la flora volatil de los jardines victorenses. Don Emilio, hombre enérgico, inteligente y con voz de mando, nació aquí, en los linderos del primer cuadro de la ciudad, en el cruce de la calle 16 y Matamoros, en una casa de paja, tal vez de dos aguas, porque el taller donde trabajo tiene las huellas sobre el sillar de dos aguas de techo pajizo.

Estudiante magnífico, prestigiado abogado, Don Emilio Portes Gil es una de las más grandes figuras de la vida política mexicana. Digo es, porque es parte imprescindible de la historia nacional.

A don Emilio, tuve la oportunidad de conocerlo y saludarlo en tres ocasiones en su oficina de la aseguradora nacional en la Ciudad de México, siendo yo un estudiante preparatoriano.

Acudí como muchos estudiantes  “paisanos” que queríamos saludar a este hombre tan importante e influyente por muchos años en la vida política de Tamaulipas, y en cierta manera pieza clave en la formación del partido en el poder, y en la autonomía de la UNAM.

Para muchos un cacique en Tamaulipas, para otros, la figura más vigorosa de la democracia tamaulipeca, Don Emilio fue factor de cambio y de poder por muchos años.

En su oficina, parado casi en la esquina de su escritorio oscuro de caoba, nos esperaba con su puño derecho firme sobre la dura madera, con una voz impositiva y con su característico ceño fruncido, que hacía temblar a sus rivales. La primera vez que fui a su despacho, vestido con un fino traje de color café oscuro me recibió con su puño al escritorio; con voz interrogante, me dijo: “qué quieres…”, le contesté que deseaba conocerlo.

Le comenté que estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria y que laboraba en la Imprenta Universitaria, le obsequié dos ejemplares ilustrados por mí en la famosa Colección del estudiante Universitario.

Tomó los libros, medio los hojeó para volver sobre mí; “qué quierees…”, nada señor, le contesté, sólo quería saludarle.

Su gesto impositivo, su presencia fuerte a pesar de su edad, era ciertamente una figura avasalladora.

Metio su mano al bolsillo y me regaló un billete de 50 pesos.

Le salude nuevamente y me despedí de este hombre temido por muchos y admirado por más…

Hoy a las 9:00 horas, el Sr. Ing. Egidio Torre Cantú, rinde homenaje a este gran hombre de la vida mexicana, victorense, tamaulipeco completo, al cumplirse un año más de la fecha de su nacimiento.